LA SOCIALIZACIÓN DE GÉNERO Y LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

La violencia doméstica se genera a partir del abuso de poder. Éste consiste en utilizar la fuerza para que la otra persona haga algo que no haría por su propia voluntad, aunque no necesariamente mediante el contacto físico. La conducta violenta tiene como objetivo someter al otro mediante el uso del poder para doblegarlo y subordinarlo.

La persona que la ejerce se considera con derecho a imponer sus creencias, sus deseos y sus necesidades. Hace sentir a la otra persona que no vale y la víctima va perdiendo capacidad de pensar y de saber por sí misma qué es lo que quiere.

Se convence de que se merece lo que está pasando y le otorga al victimario un lugar de superioridad. Lo trata de entender y perdonar, y piensa que cambiará. Esto se prolonga y se sostiene en el tiempo.

Para entender la violencia doméstica es necesario comprender que varones y mujeres son socializados de manera diferente y que, por lo tanto, es clave tener en cuenta la construcción social y cultural de las relaciones de género. A varones y mujeres se les atribuye roles y mandatos y prohibiciones diferentes, que adquieren un valor en la sociedad y esas diferencias se transforman en desigualdad.

En líneas generales, las niñas crecen pensando que deben ser cuidadas y protegidas por varones, que deben hacerse cargo de los cuidados familiares y domésticos. Se espera que tengan una actitud más tolerante, condescendiente, dependiente o pasiva mientras que el hombre será quien tome las decisiones más importantes, y se las suele culpar si la pareja no funciona. Y viceversa para los niños. En el marco de una relación donde está instalada la violencia estos roles se vuelven rígidos y la mujer se transforma en objeto de propiedad del varón.


Estos mandatos sociales tradicionales diferenciales para varones y mujeres son legitimados socialmente y son vistos como “naturales”. Por esta razón, muchas veces las personas del entorno de la pareja o ex pareja (familiares, amigos, vecinos e incluso operadores) responden a estos modelos, contribuyendo a mantener y prolongar el ciclo de violencia. Esto también explica por qué la víctima no se ve a sí misma como tal. En cambio, se culpa de la situación y no visualiza alternativas.

Esta legitimación también parte de los medios de comunicación y es perpetuada por éstos. Pero es innegable que los medios de comunicación son capaces de legitimar valores y/o acciones que puedan contribuir a contrarrestar o prevenir situaciones de violencia.


CICLO DE VIOLENCIA

La violencia doméstica se enmarca en un conjunto de hechos insertos en el denominado ciclo de violencia o circuito de violencia que puede completarse en días, semanas o meses de manera regular o en períodos espaciados en el tiempo. Por lo general, los episodios de violencia se vuelven cada vez más recurrentes y son cada vez más intensos. Entender las etapas del ciclo y cómo se desarrolla ayuda a comprender por qué es frecuente que las mujeres vuelvan con su agresor, retiren sus denuncias o abandonen procesos para romper con el circuito en el que están siendo acompañadas por profesionales. Las etapas del ciclo son las siguientes:

Acumulación de tensión

Se trata de pequeños episodios que generan conflictos cada vez más hostiles. Produce recriminaciones o discusiones vinculadas a temas menores, ridiculiza o menosprecia en público a su pareja, impone en forma arbitraria sus puntos de vistas. En esta etapa el agresor muestra mal humor y se genera un clima de miedo. La víctima trata de no enojarlo, de calmarlo, adoptando una postura pasiva. El agresor interpreta esto como una aceptación de su autoridad.

Explosión

Se producen uno o más episodios de violencia más agudos que los que venían produciéndose. Se hacen más evidentes al igual que la escalada de violencia. Esto va acompañado de un proceso de aislamiento de la víctima. Usualmente el agresor intenta cortar los vínculos de su pareja con las personas de su entorno. La víctima no intenta evitar los episodios de violencia, intenta que pasen lo más rápido posible. Generalmente es en esta etapa cuando las mujeres denuncian a su agresor o piden ayuda.

Arrepentimiento-reconciliación o “luna de miel”

Luego de uno o varios episodios más agudos, el agresor puede negarlos o bien pide perdón, hace regalos, promete que no volverán a suceder. Esto da lugar a una etapa de supuesta “calma” en la que la víctima siente que su agresor es sincero, que recuperó al ser amado, al “buen” padre. Generalmente en esta etapa es cuando las mujeres retiran la denuncian o se desvinculan de las organizaciones o los profesionales a los que había acudido. En la medida que la situación de violencia perdura en el tiempo y se hace cada vez más intensa el ciclo se acorta y este período de “calma” se vuelve prácticamente inexistente.